50 Años de Lucha Revolucionaria por el Socialismo

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Por Pável Blanco Cabrera |Primer Secretario del CC del PCM

Las FARC-EP vencerán

Se cumplen 50 años de lucha de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo, de compromiso pleno con la causa de la Revolución y con los explotados y oprimidos de Colombia, América y el Mundo.

No hay fuerza política similar que haya enfrentado lo que la insurgencia fariana, es decir los cambios de época, la alteración de la correlación de fuerzas internacional, y la confrontación no solamente con la oligarquía colombiana, sino directamente con el imperialismo y todo su aparato bélico y comunicacional, así como la incomprensión de algunas fuerzas de la izquierda.

En 1964, seis años después de la entrada victoriosa del Movimiento 26 de Julio a La Habana, derrotando a la dictadura batistiana, y ya proclamadas la I y II Declaración de La Habana, el Continente se encontraba en ebullición porque la táctica de la guerra de guerrillas atraía al combate revolucionario a miles y con optimismo se avizoraba la posibilidad de cambios profundos y radicales en todos los países de Nuestra América. Sin embargo las FARC-EP aunque contemporáneas de tal oleada, tenían otro origen, otra táctica y otra composición social, que determina que prosigan en la lucha y en la forma de lucha, por otros abandonada, aunque en su día la absolutizaron, sumándose sin decoro a las nuevas modas políticas.

Las FARC-EP tienen su origen en la realidad colombiana, en las contradicciones socioclasistas que engendra la explotación, la concentración de la riqueza y de la tierra en la minoría burguesa, que para sostener sus privilegios recurre a la abierta violencia, al terrorismo de estado contra el pueblo, a la cotidianidad del crimen político, a la cerrazón definitiva de la oligarquía para ejercer la dominación. El asesinato de Gaitán y el Bogotazo la violencia de la clase dominante originaron las guerrillas liberales, que políticamente mostraban sus límites, y llevaron a Manuel Marulanda y sus compañeros a vincularse al Partido Comunista Colombiano, asumir la ideología marxista-leninista y hacer un trabajo organizativo político y militar siempre vinculado a los campesinos, a los obreros, al conjunto del pueblo trabajador. Al tiempo el PCC, suscribiendo la línea de la combinación de todas las formas de lucha respaldó plenamente a los campesinos en armas y destacamentó cuadros excepcionales de la JUCO y el Partido, entre ellos un hombre extraordinario, un proletario, de grandes dotes intelectuales y organizativas, Jacobo Arenas, que junto al Comandante Manuel Marulanda, forjaría a varias generaciones de comunistas plenos, que harían de un primer núcleo focalizado en una región a un poderoso ejército del pueblo extendido por todo el territorio colombiano, y con un perfil que llama la atención, de partido comunista, de vida orgánica donde ya se recrean elementos de la nueva sociedad, en las relaciones sociales, culturales, en la camaradería, en las relaciones hombre-mujer y hombre-naturaleza.

Sin otro animo que anotar datos objetivos, en tanto que la ola guerrillera de los 60 tenía como base a la juventud radicalizada, y al estudiantado, lo cierto es que las FARC se basaban en su primeros años en hombres y mujeres campesinos, trabajadores del campo; en tanto que la ola guerrillera siguiendo las negativas tesis de Debray criticaba el papel del partido revolucionario y buscaba prescindir de él, los guerrilleros marquetalianos se aferraban a la vida orgánica y reconocían su vanguardia en el partido comunista. En tanto que la ola guerrillera absolutizaba la lucha armada y calificaba de reformista a quien no le siguiera, las FARC-EP enfatizaban que en la política revolucionaria era necesario combinar todas las formas de lucha.

En el recuento que hacía el Comandante Ernesto Guevara de las organizaciones revolucionarias contabilizaba en Colombia a la dirigida por Manuel Marulanda, porque sus demandas eran justas, sus banderas expresaban los intereses populares y porque existían coincidencias muy fuertes. El Che fue consecuente, y murió actuando como pensaba en Bolivia, en Octubre de 1967. Pero muchos seguidores de las tesis de Debray abjuraron de sus absolutizaciones, al grado que al pasar del tiempo descalificaron la lucha armada y el derecho del pueblo a ejercerla.

En la clasificación política, en tiempos que el viento soplaba a favor de los pueblos, por el papel del campo socialista y de la URSS, por la descolonización, por la fuerza del movimiento obrero, por la victoria vietnamita, era común que junto a la URNG, el FMLN, el FSLN, el ELN y la gran diversidad de fuerzas revolucionarias en armas se ubicara a las FARC-EP. Pero cuando la contrarrevolución fue imponiéndose, hasta llevar al derrocamiento la construcción socialista en la Unión Soviética y otros países, dando paso a un retroceso de la lucha de clases, las condiciones desfavorables, es verdad, llevaron a buena parte de esos procesos guerrilleros a negociaciones que concluyeron en la desmovilización militar. Si bien hubo casos de transfuguismo no podemos atribuir todo a ese factor. La historia está ahí con sus acervos como lecciones para el presente, y cuando a ella acudimos encontramos discursos derrotistas, virajes en la estrategia, que consideraron la participación en la democracia burguesa como un paso obligado. Las FARC-EP, que siempre se basaron en sus propias condiciones mantuvieron en alto la bandera revolucionaria convirtiéndose en un símbolo mundial de la lucha armada por el socialismo, en condiciones nada fáciles, muy complejas, plagadas de dificultades.

Las FARC-EP resistieron la obscura noche contrarrevolucionaria y la desideologización.

Con necedad marquetaliana, con firmeza marxista-leninista, con temple comunista las FARC-EP, de manera orgánica, es decir con la discusión leninista militante y resoluciones emanadas de la colectividad, continuo la lucha armada, eficientando su accionar y actuar revolucionario, con un Plan Estratégico para la toma del poder. Las fuerzas de la reacción y del imperialismo iniciaron una cruzada para exterminarlas.

La más importante fue que en América Latina, el imperialismo norteamericano volcó sus esfuerzos a la búsqueda de la derrota militar de las FARC-EP, con la inversión millonaria del Plan Colombia y de planes subsecuentes de intervención militar, inclusive directa con la presencia de bases norteamericanas en la región y con el inescrupuloso apoyo a criminales como Álvaro Uribe que hizo del genocidio su estilo personal de gobernar y legalizó la actuación de los mafiosos paramilitares.

Otra fue, que los centros ideológicos del imperialismo, basados en el control absoluto de los medios de comunicación, con pasión goebeliana lanzaron una grotesca campaña de propaganda para sembrar en la opinión pública la sospecha de un vínculo entre narcotráfico e insurgencia, creando el mito de la narcoguerrilla, mito fabricado por el Departamento de Estado de los EEUU. Además y de la mano de la histeria promovida por Bush después del 11 de Septiembre del 2001 se esforzaron por meter en un solo saco el derecho legítimo de los pueblos a la lucha armada con el terrorismo; inscribiendo así a las FARC-EP en las listas que con tal motivo emiten los EEUU y la Unión Europea.

Además dificultades en el escenario de solidaridad internacionalista. Por una parte se ahogó en la desesperanza; miles de gentes que encontraban en la solidaridad su forma de militancia se desencantaron de que el esfuerzo de sus vidas terminara en una relegitimación de la democracia burguesa y de la aceptación de las reglas de la clase dominante, donde además en algunos casos las antiguas guerrillas hechas gobierno continuaron gestionando el capitalismo de la mano de algunas políticas asistencialistas. Por otra parte toda solidaridad con la lucha armada fue criminalizada, judicializada y perseguida.

A ello sumamos la incomprensión, resultado de asimilarse al discurso ideológico del imperialismo consistente en absolutizar la democracia burguesa y condenar todo lo que no se inscriba en ella, de fuerzas políticas que dicen inscribirse en la izquierda y que voltearon la espalda al accionar revolucionario fariano, que clamaron por su desmovilización y que hoy sostienen que no hay otro camino que abandonar las armas, empeñados con vehemencia por razones de geoestrategia progresista (la rimbombancia discursiva también es una de sus características).

Pero ni política, ni militarmente hubo derrota de las FARC-EP.

Desde el punto de vista militar fue demostrada una gran creatividad con la guerra de guerrillas móviles y un aprendizaje constante que les lleva a ajustar constantemente con éxito la estructura y operación.

Desde el punto de vista político, las FARC-EP basan su solidez en los principios comunistas del marxismo-leninismo. Cada guerrillero es militante del Partido, cada escuadra es una célula del Partido. Se entiende la lucha armada como una forma que debe ser completada con el trabajo obrero, popular, estudiantil. Desde hace más de una década además se optó por construir un movimiento de masas, pero clandestino. Al ser las FARC-EP un partido comunista en armas la vida de discusión política enmarcada en el centralismo democrático da al conjunto de la organización una fuerza indestructible. Y hay una cohesión con el mando, porque el mando está en el mismo terreno de la lucha, aplicando el principio leninista de igualdad entre los comunistas.

Además la guerrilla fariana entregó contribuciones a los comunistas y revolucionarios del mundo:

a)      La lucha por el poder, aún en las condiciones más adversas, como bandera programática para los revolucionarios, en periodo de ebullición y mixtura del posmodernismo y el neoanarquismo.

b)      La reivindicación del derecho inalienable de pueblos a la rebelión armada, el papel de la violencia revolucionaria como elemento insustituible de transformaciones profundas y radicales.

c)      Su papel objetivo en la derrota del ALCA, en conjunto con Venezuela bolivariana y Cuba.

d)     La opción del carácter continental de la revolución y la permanente búsqueda de la coordinación de fuerzas revolucionarias y antiimperialistas.

e)      La coherencia organizativa para sumar en un único torrente a obreros, campesinos, indígenas, estudiantes, intelectuales, etc.

 

Hoy las FARC-EP se encuentran nuevamente, después del Caguán en la búsqueda de una solución política. El heroico comandante Alfonso Cano expresó en una entrevista, poco antes de morir, su oposición a la desmovilización: refrendaba una posición del conjunto de la guerrilla comunista, ayer y hoy.

Si hay espacio para una intervención política abierta que no enfrente la represión que vivió la Unión Patriótica, seguramente las FARC-EP caminaran esa senda. Si hay en verdad garantías y una constituyente es el horizonte. Pero si la burguesía colombiana se empeña en continuar torpedeando el proceso, en usarlo estrictamente como botín electoral quedará claro que son enemigos de la paz.

Sin duda que hay expectativas sobre la mesa de La Habana. Hay voces de “izquierda” que presionan para el desarme y la desmovilización. El Partido Comunista de México no se suma a ese coro y elige respetar la decisión que asuma el partido comunista en armas, las FARC-EP, confiando como siempre en que por su historia y política, nuestros camaradas colombianos sabrán caminar ondeando su imbatible bandera levantada desde hace 50 años buscando la participación y el protagonismo del pueblo.

En la lucha por un mundo socialista, la clase obrera y los pueblos, tienen en las FARC-EP  y el PCCC un destacamento seguro y comprometido.

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